Patria

¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.

No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.

Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.

Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy pedazo.

Miguel Antonio Caro
1843 - 1909
Colombiano


 

Madre Bendita

Tiene la frente pálida y tranquila,
una santa mirada en su pupila
y en los labios la savia del amor;
¿quién es ella, tan noble y abnegada,
que nos habla de amor en su mirada
y cual nadie nos cuida con fervor?.

Es la madre, la santa, la bendita,
la que al pie de la cuna nos musita
una dulce oración;
la que todo lo aporta por su niño,
la que nos llena de inmortal cariño
y nos da el corazón.

Tiene la frente pálida y hermosa
cual si fuera del Cielo alguna Diosa
llena de bendición;
ella nos da salud con un abrazo,
si sufrimos nos cura en su regazo
del más grande dolor.

Es la madre, la santa, la que llora,
el verdadero llanto que devora
su pecho maternal;
la que cubre con besos nuestra frente,
la que siempre es igual.

Dichosos los que vamos por la vida,
y tenemos en ella a la querida
madre abnegada que nos diera el ser.

Elevemos un canto a su grandeza,
amémosla con toda la firmeza,
que sentirá placer.

Cantemos a la madre en este día;
yo que tengo a la dulce, la que es mía,
la bendigo con íntimo fervor;
los que la lloren para siempre muerta,
vayan del Cielo a la gloriosa puerta
que está cerca de Dios.

¡Benditas madres que en afán prolijo,
dieron toda la vida por el hijo
que fue su adoración...!

¡Bendita madre que tu amor me diste,
y al tenerme en tus brazos me pusiste
tu eterna bendición...!.

Crisanto Cuéllar Albaroa
Mexicano


 

 

La Última Gaviota

Como una franja temblorosa, rota
del manto de la tarde, en raudo vuelo
se esfuma la bandada por el cielo
buscando, acaso, una ribera ignota.

Detrás, muy lejos, sigue una gaviota que
con creciente y pertinaz anhelo
va de la soledad rasgando el velo
por alcanzar la banda, ya remota.


De la tarde surgió la casta estrella
y halló siempre volando a la olvidada,
de la rauda patrulla tras la huella.

Historia de mi vida compendiada,
porque yo soy, cual gaviota aquella,
ave dejada atrás por la bandada.

Ricardo Miró
Panameño



"A Solas"

  Quieres que hablemos?...Esta bien...Empieza
Habla a mi corazon como otros dias.....
Pero no.....Que dirias?
Qué podrías decir a mi tristeza?....
No intentes disculparte: ¡todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

Amor arrepentido,
ave que quieres regresar al nido
a  traves de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
donde fuiste feliz....!ya todo ha muerto!
No vuelvas...!Todo lo hallarás en ruinas!

A qué has venido? ¿Para que volviste?
¿Qué buscas? !Nadie habrá de responderte!
!Está sola mi alma y estoy triste
inmensamente triste hasta la muerte!
Todas las ilusiones que te amaron
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron cansadas de no verte.

Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reia
en los campos la alegre primavera;
todo era luz, aromas y armonía.
¡Hoy todo cuan distinto!..Paso a paso
y solo voy por la desierta vía,
nave sin rumbo entre revueltas olas,
pensando en la tristeza del ocaso
y en la tristeza de las almas solas.

En torno la mirada no columbra
sino asperezas y páramos sombríos,
los nidos en la nieve estan vacíos,
y la estrella que amamos, ya no alumbra
el azul de tus sueños y los mios.

Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
¿Recuerdas?....Te llamaba mi esperanza,
¡Pero ya mi esperanza no te nombra!
¡No ha de nombrarte!....Para qué?...Vacía
está el ara, y la historia yace trunca.
¡Ya para que esperar que irradie el dia!
¿Ya para que decirnos: todavia,
si una voz grita en nuestras almas: Nunca?

Dice que eres la misma: que en tu pecho
la dulce llama de otro tiempo arde;
que el nido de amor no está deshecho;
que para amarnos otra vez no es tarde...

¡Te engañas!....¡No lo creas!...Ya la duda
echó en mi corazon fuertes raices,
y la fé de de otros años no me escuda;
¡quedó de sueño mi ilusion desnuda,
y no puedo creer lo que me dices!...
¡No lo puedo creer! Mi fe burlada,
mi fe en tu amor perdida,
es ancla de una nave destrozada,
ancla en el fondo de la mar caída...

Anhelos de un amor, castos risueños,
ya nunca volvereis....Se van.... se esconden..
¿Los llamas?...Es inútil....No responden.
¡Ya los cubre el sudario de mi sueños!
 Hace tiempo se fue la primavera.....
¡Llegó el invierno fúnebre y sombrío!
Ave fue nuestro amor, ave viajera,
¡Y las aves se van cuando hace frio!...


Germán Enrique Arciniégas
Colombiano

 



A Margarita Debayle

Margarita está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: —«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
—«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: —«¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: —«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
—«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: —«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

  * * *

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Rubén Darío
Nicaraguense

 

 

A LA MEMORIA DE JOSEFINA

           I      

De lo que fue un amor, una dulzura
sin par, hecha de ensueño y de alegría,
sólo ha quedado la ceniza fría
que retiene esta pálida envoltura.
La orquídea de fantástica hermosura,
la mariposa en su policromía
rindieron su fragancia y gallardía
al hado que fijó mi desventura.
Sobre el olvido mi recuerdo impera;
de su sepulcro mi dolor la arranca;
mi fe la cita, mi pasión la espera,
y la vuelvo a la luz, con esa franca
sonrisa matinal de primavera:
¡Noble, modesta, cariñosa y blanca!

           II      

Que te amé, sin rival, tú lo supiste
y lo sabe el Señor; nunca se liga
la errátil hiedra a la floresta amiga
como se unió tu ser a mi alma triste.
En mi memoria tu vivir persiste
con el dulce rumor de una cantiga,
y la nostalgia de tu amor mitiga
mi duelo, que al olvido se resiste.
Diáfano manantial que no se agota,
vives en mí, y a mi aridez austera
tu frescura se mezcla, gota a gota.
Tú fuiste a mi desierto la palmera,
a mi piélago amargo, la gaviota,
¡y sólo morirás cuando yo muera!

Guillermo Valencia

 

 


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Octubre 06 de 2007